lunes, 9 de junio de 2008

Jirones

Puede decirse de cualquier momento de nuestra vida: cada cosa que vivimos es una porción del todo que ella es. Pero "jirón" es también el trozo desgarrado, y el desgarro es tanto la parte de tela que se desprende como el destrozo que deja en el vestido.
Con frecuencia tengo la sensación de jirones que van privándome de trozos de mi vida y haciendo destrozos en mi existencia. Me pasa sobre todo cuando vuelvo a los escenarios de mi niñez y juventud: a los sitios que fueron míos, a mi familia, a mis amigos, a mi tierra.
Acabo de llegar a mi casa en Toledo después de una visita fugaz a Huelva para acompañar en su boda a mi sobrino José Manuel, "El chico". Y vuelvo con esa sensación.
Abrazo a un hermano, y siento el pálpito de una relación entrañable pero siempre incompleta, se me quedan pequeñas las palabras, me resultan triviales los asuntos de que hablamos porque siempre persiste algo agazapado en lo hondo y que es más que lo expresado. Veo de lejos o saludo a un amigo y me asaltan los tramos que esa amistad no recorrió, los silencios con que la distancia y la pereza a veces la han jalonado. Me fijo en aquella cara, y me punza de nuevo el dolor de la primera amistad pronto rota; o aquella otra, y revivo las separaciones y quiebras que la peripecia de cada cual impuso entre nosotros. Contemplo, beso y cruzo alguna frase con los renuevos que la savia familiar ha ido procurando, con generosidad por cierto, y me tengo que rebelar contra la incapacidad de atender al mismo tiempo a todos y cada uno, de hablar largo y tendido, de conocernos, de demostrarnos, ya que no de decirlo, que nos queremos. En fin, jirones: el corazón hecho jirones.
Mientras viajaba de vuelta, me acordaba de la película que había visto el martes pasado: la última obra de Alain Resnais, que en original francés se llama "Coeurs" (corazones) y en español "Asuntos privados en lugares públicos". Historias paralelas de corazones que andan entre la necesidad del encuentro y el imperio de la soledad y la incomunicación.
Pues eso, corazones hechos jirones. Pero vivos.

3 comentarios:

mromeroboza dijo...

Querido tío Daniel:

Me ha gustado mucho tu reflexión y lo primero que se me viene a la cabeza es que no tiene por que haber distancia entre tí y tu tierra, familia o amigos, para sentir esos "jirones". A mí siempre me pasa los mismo. Cuando te rodeas de personas que sin nombrartelo para nada, ni reivindicarlo literalmente, sabes que hay unos lazos entrañables de cariño y respeto, siempre te sabe a poco el tiempo que estes con ellos. Yo te aseguro que pocas familias y creo que hablo con garantías plenas de ser así, nos han educado y metido semejante cariño por todos los nuestros, los Romero Alvarez, eso es lo más preciado que tenemos, somos totalmente independientes y a la vez cada uno con su personalidad concreta, sin tapujos ni censuras, prima sobre todo, el amor y respeto para con todos. Desde pequeño me inculcaron una gran afición y un grandísimo respeto por escuchar y saber de los mayores, ahora que parece que soy mayor o cuando menos más he vivido que casi seguro me queda por vivir, intento lograr con mis hijos lo mismo, con el agravante de no vivir en un mundo más lento que el que yo viví en mi infancia. Siempre me produce una sonrisa entrañable cuando escucho a alguno de mis mayores contarme algún echo "antiguo" y no se dá cuenta de que en esa época yo ya era consciente de tal vivencia e incluso muchas veces más involucrado en la propia historia de lo que se puede imaginar el relator. No sé si será un signo de que ya soy mayor. Un abrazo y ya me gustaría no tener prisas y charlar profundamente de nuestras cosas.

Luz de Gas dijo...

Con su permiso.

Ha plasmado en su entrada una sensación que creo que no es el único que la siente.

Esos jirones arrancan trozos de piel y nos dejan una sensación de vacio.

¿Sabremos o tendremos valor algún día de llenarlo?

Doria dijo...

Alguien muy querido, admirado y respetado por mi en una conversación ya lejana, a propósito del nacimiento de primera hija y hablando de lo que se sentía en esos momentos me dijo; " esto es para siempre, es tu hija para toda la vida pero educate, preparate cada dia a asumir que no es "tuya" ,entendida como propiedad.Es otra persona, respetala".
Cuando asumí esta aparente perogrullada, comemzaron los jirones.
Hay que forjarse dia a dia en la entrega sin condiciones a cambio tan solo de seguir ¡¡vivo!! cada dia, cada minuto, cada experiencia.
Y, como el malabarista; cada vez que se nos caen los trastos, agacharnos y ...¡otra vez al aire con ellos!
Jirones, si pero jirones llenos de vida.